martes, 20 de octubre de 2015

Pétalos de vida

Nuestra vida es como los pétalos de una flor, con una particularidad, que esa flor nunca se apaga, es eterna, viaja a través del tiempo en un caminar infinito. Cada pétalo es un momento de nuestra vida en común. Cada estación del año renueva toda su figura, cambiando sus colores y adecuándolo a nuestras vidas mi cielo dorado.

Aquel pétalo pertenece a es fin de semana junto a ti, ese otro a un lunes lluvioso a tu lado, mis sueños con tu imagen es ese otro, esos días y momentos sublimes, de tanto amor, de tanta pasión, de tanta felicidad. Ese otro pétalo representa el día que nos conocimos, aquel día en que la puesta de sol fue excepcional, con ese beso prometido, con ese primer beso tantas veces soñado. Otro pétalo es aquel amanecer dorado, terminado así un primer día  de infinita felicidad. Y otros tantos momentos que pertenecen a otros tantos pétalos hasta componer la flor de nuestros sentimientos encontrados.

Hay muchos pétalos, muchos momentos mágicos, muchos instantes inolvidables. Por eso, en cada estación se renueva esa flor, para dar paso a más instantes extraordinarios, a más momentos de pasión, a acompañarnos en nuestro futuro juntos, a ayudarnos a caminar por esta senda de la vida, para guardar nuestro amor.

Fernando Infante





Canción para ti. Frank Quintero

viernes, 16 de octubre de 2015

La caricia perdida. Alfonsina Storni


Se me va de los dedos la caricia sin causa, 
se me va de los dedos... En el viento, al pasar, 
la caricia que vaga sin destino ni objeto, 
la caricia perdida ¿quién la recogerá? 

Pude amar esta noche con piedad infinita, 
pude amar al primero que acertara a llegar. 
Nadie llega. Están solos los floridos senderos. 
La caricia perdida, rodará... rodará... 

Si en los ojos te besan esta noche, viajero, 
si estremece las ramas un dulce suspirar, 
si te oprime los dedos una mano pequeña 
que te toma y te deja, que te logra y se va. 

Si no ves esa mano, ni esa boca que besa, 
si es el aire quien teje la ilusión de besar, 
oh, viajero, que tienes como el cielo los ojos, 
en el viento fundida, ¿me reconocerás?

Alfonsina Storni


Alfonsina y el mar. Mercedes Sosa

viernes, 9 de octubre de 2015

Amor. Pablo Neruda

Mujer, yo hubiera sido tu hijo, por beberte 
la leche de los senos como de un manantial, 
por mirarte y sentirte a mi lado y tenerte 
en la risa de oro y la voz de cristal. 

Por sentirte en mis venas como Dios en los ríos 
y adorarte en los tristes huesos de polvo y cal, 
porque tu ser pasara sin pena al lado mío 
y saliera en la estrofa -limpio de todo mal-. 

Cómo sabría amarte, mujer, cómo sabría 
amarte, amarte como nadie supo jamás! 
Morir y todavía amarte más. 
Y todavía amarte más y más. 


miércoles, 7 de octubre de 2015

Cenizas. Wello Rivas

(Repertorio de Toña la negra)


Después de tanto soportar la pena de sentir tu olvido 
después que todo te lo dio mi pobre corazón herido 
has vuelto a verme para que yo sepa de tu desventura 
por la amargura de un amor igual al que me diste tú.

Ya no podré ni perdonar ni darte lo que tú me diste
has de saber que de un cariño muerto no existe rencor
y si pretendes remover las ruinas que tú mismo hiciste
sólo cenizas hallarás de todo lo que fue mi amor.


viernes, 2 de octubre de 2015

El cuento del amor y la locura. Mario Benedetti

Cuentan que una vez se reunieron en algún lugar de la Tierra todos los sentimientos y cualidades de los seres humanos. Cuando el Aburrimiento había bostezado por tercera vez, la Locura, como siempre tan loca, les propuso: “¡Vamos a jugar al escondite!”.

La Intriga levantó la ceja intrigada y la Curiosidad, sin poder contenerse, le preguntó: “¿Al escondite?  Y, ¿cómo es eso?”. “Es un juego  —explicó la Locura—  en el que yo me tapo la cara y comienzo a contar desde uno hasta un millón, y, cuando yo haya terminado de contar, el primero de ustedes al que yo encuentre ocupará mi lugar para continuar el juego”.

El Entusiasmo bailó entusiasmado secundado por la Euforia. La Alegría dio tantos saltos que terminó convenciendo a la Duda, e incluso a la Apatía, a la que nunca le interesaba hacer nada.

Pero no todos querían participar. La Verdad prefirió no esconderse… ¿para qué? si al final siempre la hallaban. Y la Soberbia opinó que era un juego muy tonto (en realidad lo que le molestaba era que la idea no hubiese sido suya).  Y la Cobardía prefirió no arriesgarse.

“Uno, dos tres…”, comenzó a contar la Locura.

La primera en esconderse fue la Pereza. Como siempre tan perezosa se dejó caer tras la primera piedra del camino.  La Fe subió al cielo, y la Envidia se escondió tras la sombra del Triunfo que, con su propio esfuerzo, había logrado subir a la copa del árbol más alto. La Generosidad casi no alcanzó a esconderse, cada sitio que hallaba le parecía maravilloso para alguno de sus amigos. Que si un lago cristalino para la Belleza; que si una hendida en un árbol, perfecto para la Timidez; que si el vuelo de una mariposa, lo mejor para la Voluptuosidad;  que si una ráfaga de viento, magnífico para la Libertad;…  Y así terminó por acurrucarse en un rayito de sol.

El Egoísmo, en cambio, encontró un sitio muy bueno desde el principio: aireado, cómodo,… pero sólo para él. La Mentira se escondió en el fondo de los océanos (mentira, se escondió detrás del arco iris). La Pasión y el Deseo, en el centro de los volcanes.  El Olvido,… se me olvidó dónde se escondió el Olvido, pero eso no es lo más importante.

La Locura contaba ya novecientos noventa y nueve mil novecientos noventa y nueve… Y el Drogamor no había aún encontrado sitio para esconderse entre sus flores.

Un millón contó la Locura y comenzó a buscar.

La primera a la que encontró fue la Pereza,… a sólo tres pasos detrás de unas piedras. Después se escuchó la Fe discutiendo con Dios sobre Teología, y a la Pasión y el Deseo los sintió vibrar en los volcanes. En un descuido encontró a la Envidia y, claro, pudo deducir dónde estaba el Triunfo. Al Egoísmo no tuvo ni que buscarlo, él solo salió disparado de su escondite, que había resultado ser un nido de avispas. De tanto caminar sintió sed, y al acercarse al lago descubrió a la Belleza. Y con la Duda resultó más fácil todavía, pues la encontró sentada en una cerca sin decidir aún dónde esconderse.  

Así fue encontrando a todos. Al Talento entre la hierba fresca, a la Angustia en una oscura cueva, a la Mentira detrás del arco iris (mentira,… en el fondo del mar). Hasta el Olvido,…  que ya se había olvidado que estaba jugando a las escondidas.

Pero, sólo el Amor no aparecía por ningún sitio.

La Locura buscó detrás de cada árbol, bajo cada arroyo del planeta, y en la cima de las montañas, y cuando estaba por darse por vencida divisó un rosal y pensó: “El Amor, siempre tan cursi, seguro se escondió entre las rosas”.  Y tomando una horquilla comenzó a mover las ramas,… cuando de pronto se escuchó un doloroso grito… Las espinas habían herido los ojos del Amor, y la Locura no sabía qué hacer para disculparse. Lloró, rogó, pidió perdón y hasta prometió ser su lazarillo.

Desde entonces, desde que por primera vez se jugó en la Tierra al escondite, el Amor es ciego,… y la Locura siempre lo acompaña.

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Píntame angelitos negros. Andrés Eloy Blanco


"¡Ah, mundo! La Negra Juana,
¡la mano que le pasó!
Se le murió su negrito,
sí señor.

-Ay, compadrito del alma,
¡tan sano que estaba el negro!
yo no le acataba el hueso;
como yo me enflaquecía,

lo medía con mi cuerpo,
se me iba poniendo flaco
como yo me iba poniendo.

Se me murió mi negrito;
Dios lo tendría dispuesto;
Ya lo tendrá colocao
como angelito del Cielo.

-Desengáñese, comadre,
que no hay angelitos negros.

Pintor de santos de alcoba,
pintor sin tierra en el pecho,
que cuando pintas tus santos
no te acuerdas de tu pueblo,
que cuando pintas tus Vírgenes
pintas angelitos bellos,
pero nunca te acordaste
de pintar un ángel negro.

Pintor nacido en mi tierra,
con el pincel extranjero,
pintor que sigues el rumbo
de tantos pintores viejos,
aunque la Virgen sea blanca,
píntame angelitos negros.

No hay un pintor que pintara
angelitos de mi pueblo.
Yo quiero angelitos blancos
con angelitos morenos.
Angel de buena familia
no basta para mi cielo.

Si queda un pintor de santos,
si queda un pintor de cielos,
que haga el cielo de mi tierra,
con los tonos de mi pueblo,

con su ángel de perla fina,
con su ángel de medio pelo,
con sus ángeles catires,
con sus ángeles morenos,
con sus angelitos blancos,
con sus angelitos indios,
con sus angelitos negros,
que vayan comiendo mango
por las barriadas del cielo.

Si al cielo voy algún día,
tengo que hallarte en el cielo,
angelitico del diablo,
serafín cucurusero

Si sabes pintar tu tierra,
si has de pintar el cielo,
con su sol que tuesta blancos,
con su sol que suda negros,

porque para eso lo tienes
calientito y de los buenos.
aunque la Virgen sea blanca,
píntame angelitos negros.

No hay una iglesia de rumbo,
no hay una iglesia de pueblo,
donde hayan dejado entrar
al cuadro angelitos negros.

Y entonces, ¿a dónde van,
angelitos de mi pueblo,
zamuritos de Guaribe,
torditos de Barlovento?

Pintor que pintas tu tierra,
si quieres pintar tu cielo,
cuando pintas angelitos
acuérdate de tu pueblo;

y al lado del ángel rubio
y junto al ángel trigueño,
aunque la Virgen sea Blanca,
píntame angelitos negros".