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martes, 10 de mayo de 2016

El padre, el hijo y los clavos. Tolstoi

Un padre entregó a su hijo un puñado de clavos, una tabla, un martillo y le dijo.

- Cada vez que tu conciencia te diga que has hecho o dicho algo que no esta bien, clava un clavo en la tabla. Cuando hayas terminado me avisas.

A pocos días, el niño llevó al padre la tabla llena de clavos.

- Bien dijo el padre, y mientras tomaba el martillo de la mano del niño le dada una tenaza, agregó:

- Ahora te propongo otra cosa. Cada vez que estés seguro de haber procedido bien, arranca un clavo.
En menos tiempo que le había llevado clavar los clavos, el hijo volvió con la tabla vacía.

- Los desclave todos papá, – exclamo con mucha alegría. El padre lo abrazó y le dijo emocionado:

- Me siento feliz al comprobar que en tan corto tiempo has logrado compensar tu proceder anterior.

Pero si observas la tabla verás que cada clavo ha dejado su huella. Recuérdalo.

jueves, 3 de marzo de 2016

Sacrificio de amor

Ana era una mujer encantadora, sus ojos eran dos ventanales hacia el misterio de las emociones. Su cabellera era abundante, larga y negra. Su piel era un poco bronceada. Su rostro siempre estaba decorado con una sonrisa radiante, hasta el Sol sentiría envidia ante tanto esplendor.

Ana era viuda, tenía dos hermosa hijas, dignas de cualquier elogio, tan hermosas como la madre, pero muy traviesas. Tanto, que Ana se acostaba exhausta de tanto correr y estar pendiente de las traviesas niñas. Ella había cerrado toda esperanza de amor en su corazón, su vida se centraba en sus dos hijas.

Pasaron dos años y ella comenzó a compartir con un nuevo amigo, siempre él tenía la misma excusa para verla. Le invitaba a tomar un café. Era educado, amable y muy dulce. Pero sobre todo se ganó el amor de sus dos pequeñas traviesas.

Así pasó algún tiempo y Ana se sentía sola. El amigo, de ella se enamoró, le propuso matrimonio y tiernamente ella aceptó. Pasaron algunos meses y un tormento en ella nació, un viejo amor regresaba y toda su vida se nubló.

Su vida ahora era triste, pensando en su viejo amor, igual aquél sufría viendo que ella se casó. Ella se separó de aquél hombre noble y bueno, para intentar una nueva vida con ese hombre que había regresado de muy lejos.

Pero lo que Ana no sabía era que aquel hombre estaba acostumbrado a la soledad, al silencio, a la independencia, lo cual fue un terrible choque entre el comportamiento travieso de sus hijas que tanto lo irritaba.

Una torre de cristal de ilusiones se derrumbaba en un solo día. Ana era una mujer un poco impetuosa y tomó una decisión arrebatadora. Volvería a su casa con sus hijas. Nada la detuvo, pues, una vez que se alejó de esa casa una frase escrita por él en las redes sociales la marcaría de por vida…”La Paz no tiene precio”

Ella sintió que su mundo interior se desplomaba, que moría, que su alma se iba deshojando como los árboles en otoño… un frío indescriptible recorrió su cuerpo y peor aún… su alma.
Pasaron los días y alguien esperaba en silencio, en la oscuridad. Alguien con los brazos abiertos, con el alma llena de amor para dar. Allí seguía, esperando, dispuesto a coser aquel corazón roto con hilos de esperanza.

Pasó el tiempo y con gestos de afecto, sinceridad, su antiguo esposo le ofreció cobijo, formar un hogar y Ana aceptó. Comprendió que quien te ama te acepta con tus defectos y virtudes. Sus hijas pilares fundamentales en su vida, se sentían felices, estables. Ella echó a andar su vida, pues ésta no se detiene y mucho menos el tiempo, el cual es inclemente y no perdona.

Tatiana Josefina Martinez Vásquez

jueves, 14 de enero de 2016

El reloj de los enamorados. Diana Páez

Un día, el reloj que marcaba el ritmo de los enamorados se rompió y todos los que vivían procesos románticos tuvieron que estancarse en su emoción hasta que el reloj fuera reparado.

El Padre Tiempo estaba muy preocupado porque mucha gente perdería la noción de su romántico proceso y probablemente se harían insensibles, por lo que para evitar mayores sufrimientos entre los enamorados, le pidió a la Madre Naturaleza que limitara el romance y el ímpetu amoroso entre sus criaturas a sólo aquellos dignos de continuar su especie, pues todos los demás relojes seguían caminando y se debía procurar que continuaran las demás historias.

Ella lo escuchó y pensó que lo podía hacer, pero sabía que no podía controlar las decisiones de los seres, pues ellos podrían incluso llegar a buscar la muerte por una sensación tan grande como esta, y ya había muchos enamorados en ese instante, así que la Madre Naturaleza, aprovechando la ocasión, le pidió al Padre Tiempo que creara un nuevo reloj individual para cada romance, lo cual, después de todo, fascinó al afán de control del Padre Tiempo.

Desde entonces ningún romance es igual a otro. Sin embargo sí existieron en ese ‘no tiempo’ de la historia un grupo de seres que vivieron su enamoramiento de manera perenne y sin cambios. Varios de los que estaban enamorados en ese momento demostraron que es posible vivir para siempre con ese sentimiento.

jueves, 7 de enero de 2016

El amor según los niños

En un experimento realizado en una escuela elemental de Estados Unidos, un grupo de profesionales le propuso a varios niños, con edades de 4 a 8 años, la siguiente pregunta: ¿Qué significa amor?

Y las respuestas obtenidas fueron más amplias y profundas de lo que cualquiera pudo imaginar:

•Amor es el primer sentimiento que hay antes de que todas las cosas malas aparezcan.

•Cuando mi abuelita empezó a padecer artritis no podía pintarse las uñas de los pies; así que mi abuelito se las pintaba todo el tiempo aún cuando empezó a padecer artritis en sus manos, eso es amor.

•Cuando alguien te ama, la forma en que esa persona dice tu nombre es diferente. Sabes que tu nombre está seguro en su boca.

•Amor es cuando una muchacha se pone perfume y un muchacho se pone colonia, salen juntos y se huelen mutuamente.

•El amor es cuando sales con alguien a comer y le das la mayoría de tus papitas a la francesa sin hacer que esa otra persona te dé de las suyas.

•Amor es cuando alguien te hace daño, te enojas mucho, pero no le gritas porque sabes que eso herirá sus sentimientos.

•Una vez mi hermana mayor enfermó, se le llenó todo su cuerpo de ronchitas, y su novio venía todos los días a verla y no le daba miedo enfermarse, él la acariciaba en las noches en su cama hasta que se dormía y luego se iba, eso es amor.

•Amor es lo que te hace sonreír cuando estás cansado.

•Amor es cuando mi mamá hace café para mi papá y ella prueba un poquito primero antes de dárselo, para estar segura de que sabe bien.

•Amor es cuando besas todo el tiempo, luego te cansas de besar, pero aún quieres estar junto a esa persona y entonces se hablan más.

•Amor es lo que hay en el cuarto contigo en Navidad si dejas de abrir regalos y escuchas.

•Cuando le dices a alguien algo malo acerca de ti mismo y tienes miedo de que no te quieran más; pero te sorprendes de que no sólo aún te aman, sino que te aman aun más.

•Amor es cuando le dices a un muchacho que te gusta su camisa y él la usa todos los días.

•Amor es como una viejita y un viejito que aún son amigos aún después de conocerse muy, pero muy bien.

•Durante mi primer recital, yo estaba en el escenario muy asustada, miré a toda la gente que me estaba viendo y vi a mi papá saludándome y sonriéndome; él era el único haciendo eso y entonces ya no sentí miedo.

•Mi mamá me ama más que nadie, nunca verás a nadie más besarme por las noches antes de irme a dormir.

•Amor es cuando mami le da a papi el pedazo de pollo más grande.

•Amor es cuando mami ve a papi sudoroso y oloroso y aún así dice que es más guapo que Robert Redford.

•Amor es cuando tu perrito te chupa la cara aún cuando lo has dejado todo el día solo.

•Yo sé que mi hermana mayor me ama porque ella me da toda su ropa que no usa y después ella tiene que ir a comprar otra.



martes, 17 de noviembre de 2015

La dama de las llamadas. José Joaquín López

Estuve un año desempleado y en ese tiempo lo único bueno fueron las llamadas de una mujer que nunca llegué a conocer. Sólo llamaba de lunes a viernes, en horario de trabajo, casi siempre al mediodía. Me contaba un poco de su vida y colgaba. No estaba muy interesada en lo que yo hacía. Me confundía con otra persona, y aunque algunas veces intenté explicarle que estaba equivocada, nunca me creyó.

Cuando me despidieron de la empresa en donde trabajaba yo no tenía nada ahorrado y tuve que recurrir a la caridad de mi padre para tener en dónde vivir. Pasé un par de semanas en su casa y luego me habilitó uno de los apartamentos que tenía en alquiler. Mi padre siempre ha vivido de sus rentas y aunque siente algún tipo de estima por mí, no me quería en su casa. Tampoco me quería su mujer.

Mi madre murió cuando yo era adolescente. Mi padre me envió entonces a estudiar a otra ciudad y desde esa época vivimos separados. Siempre he admirado su espíritu emprendedor y su habilidad de negociante, pero algo pasó y no heredé nada de eso.

La primera llamada de la mujer la recibí un viernes por la mañana. Pensé que me llamaban por una plaza a la que había aplicado y respondí con mi saludo formal. ¡Carlos!, soy yo, Elena, me dijo, cuando la confundí con otra persona. Yo no conocía a ninguna Elena, pero como me llamaba Carlos igual que el tipo a quien ella llamaba, seguí la conversación a modo de juego. Me contó que había sabido hace poco de mí y que buscando en internet había dado con mi teléfono. Me extrañó porque me estaba llamando al teléfono fijo del apartamento y que yo supiera nadie había vivido allí durante mucho tiempo.

Te voy a llamar todos los días, me dijo antes de colgar. Yo no pensé que hablara en serio porque no entendí para qué iba a llamar. Yo le dije que estaba bien. Sin embargo cumplió su palabra y continuó llamando, casi siempre al mediodía. Me contaba de sus problemas en el trabajo y de sus peleas con su padre, con quien vivía. Tenía una vida algo aburrida, como supongo que es la de toda la gente. Poco a poco entré en confianza y después de un par de semanas ya platicábamos como grandes amigos.

Supe que trabajaba como recepcionista en una clínica médica en la que habían varios médicos asociados. Ella atendía las llamadas de los médicos, agendaba citas y hacía recordatorios telefónicos. Había días en que tenía muchas llamadas y otros en los que había una o dos. Se llevaba bien con el gastroenterólogo y el traumatólogo, pero la nutrióloga creía que no hacía bien su trabajo y la llamaba a su clínica y le pedía la bitácora de llamadas y el libro de citas para revisarlos una y otra vez. Con el un odontólogo no había mucho contacto y era cordial pero no daba lugar a mucha plática. Y así con los demás médicos.

Cada día me contaba alguna anécdota sobre algún paciente curioso o sobre algún enfermo que le daba lástima. Habían tres hipocondríacos que solían llegar seguido. Casi nunca estaban enfermos realmente. Uno de ellos leía mucho sobre enfermedades en páginas de Internet y llegaba a solicitar órdenes de exámenes para descartar las enfermedades más inverosímiles.

Yo me pasaba casi todo el día aburrido y no tenía cable ni conexión a Internet. Su llamadas se convirtieron en mi tele serie diaria, de la que siempre esperaba un nuevo capítulo. Hoy era la feliz dueña de una cafetera nueva, ayer había hecho más llamadas que nunca. En algunas ocasiones llamaba sólo para decirme que no tenía ganas de hablar porque había amanecido deprimida.

Calculo que habrá tenido unos 25 años. Unas veces me la imaginaba guapa, algo regordeta, con pelo corto y una sonrisa discreta, algo tímida. Otras veces me la imaginaba guapa también, delgada, con pelo largo a los hombros, y una sonrisa cautivadora. A veces, pensaba, se haría la interesante con algún paciente atractivo y tendría algún detalle con los médicos a quienes servía.

Las veces que yo le pedí vernos me decía que ella era una dama y que además yo estaba casado, que cómo me atrevía. Yo no estoy casado, Elena, le decía. Pero el Carlos al que ella llamaba sí lo estaba y de ahí nunca la iba a sacar. De vez en cuando yo insistía, pero ella huía del tema y siempre me decía, enfáticamente, que ella era una dama.

Por sus indicaciones yo sabía en qué edificio trabajaba, pero era ridículo presentarse. Pasaría las de la Penélope de la canción, ella me diría que yo no soy quien ella espera.

Estuvimos hablando por teléfono durante varios meses. La conversación siempre era muy amena. Con el tiempo yo también le contaba qué hacía, que era muy poco. A veces, le contaba, voy a eventos de prensa, digo que tengo una página web y almuerzo de gratis. Hay muchos eventos a los cuales no van muchos periodistas y los organizadores agradecen que alguien llegue a hacer bulto. Los eventos suelen ser en hoteles y después me doy largos paseos a pie por la zona viva, miro a las mujeres bonitas que circulan por ahí y regreso a casa. Leo muchos libros que compro usados, generalmente de relatos cortos. Hago un poco de ejercicio para no perder la forma, hago la limpieza y la comida. No tengo mucho dinero, sólo voy pasando el día a día. Algunas veces me llama un amigo para hacer trabajos de uno o dos días y esos son los días en que no te contesto, Elena.

Pasó el tiempo y conseguí empleo. Le dije a Elena que ya no estaría para contestar sus llamadas. No te creo, me dijo, yo te seguiré llamando. Elenita, le decía yo, estaré trabajando, no podré contestarte. No te creo, vos te queréis deshacer de mí. Le ofrecí mi número de celular, le sugerí que me llamara de noche o los fines de semana, pero no aceptó.

Empecé a trabajar en el nuevo lugar y mientras estuve en casa, no recibí ninguna llamada. Pensé entonces que ella se había olvidado del tema. Aunque la costumbre me había hecho esperar todos los días escucharla, en dos o tres semanas la rutina del nuevo trabajo me hizo olvidarla.

A los cuatro meses de estar de nuevo en el trabajo me dio una infección intestinal y no pude presentarme un lunes. Ese día ella llamó. Hola, soy Elena, dijo. A continuación escuché un largo suspiro. ¿Por qué no contestabas?, dijo después, con voz temblorosa. Elenita, le respondí, yo estoy trabajando, me quedé hoy en casa porque estoy enfermo. Oh, pobrecito, que sigas mejor. Y empezó a contarme lo que le había sucedido todo este tiempo. Te seguiré llamando todos los días, me dijo de nuevo al despedirse. Yo no mejoré y me quedé al día siguiente. Ella volvió a llamar y esa vez le dije que me despedía para siempre. Lloró, pero me dijo que seguiría llamando.

Volví al trabajo y ella, fiel a su costumbre, no me llamó en horas ni días inhábiles. Tiempo después mi padre me dijo que no tenía sentido una línea telefónica fija y que cortaría el servicio, que él pagaba. Bastaba con el celular, me dijo, y yo estuve de acuerdo.

Así terminó la comunicación con la dama de las llamadas. A veces, al mediodía, a la hora en que Elena me solía llamar, me pregunto si ya encontró a alguien que conteste sus llamadas, o si agarró valor y ya habló con el Carlos con quien ella pretendía comunicarse. Otras veces pienso que tal vez ella sólo buscaba alguien que la escuchara y se había inventado todo desde un principio. Y ahora estaría llamando a un montón de números hasta encontrar alguien que por fin la escuche.

viernes, 2 de octubre de 2015

El cuento del amor y la locura. Mario Benedetti

Cuentan que una vez se reunieron en algún lugar de la Tierra todos los sentimientos y cualidades de los seres humanos. Cuando el Aburrimiento había bostezado por tercera vez, la Locura, como siempre tan loca, les propuso: “¡Vamos a jugar al escondite!”.

La Intriga levantó la ceja intrigada y la Curiosidad, sin poder contenerse, le preguntó: “¿Al escondite?  Y, ¿cómo es eso?”. “Es un juego  —explicó la Locura—  en el que yo me tapo la cara y comienzo a contar desde uno hasta un millón, y, cuando yo haya terminado de contar, el primero de ustedes al que yo encuentre ocupará mi lugar para continuar el juego”.

El Entusiasmo bailó entusiasmado secundado por la Euforia. La Alegría dio tantos saltos que terminó convenciendo a la Duda, e incluso a la Apatía, a la que nunca le interesaba hacer nada.

Pero no todos querían participar. La Verdad prefirió no esconderse… ¿para qué? si al final siempre la hallaban. Y la Soberbia opinó que era un juego muy tonto (en realidad lo que le molestaba era que la idea no hubiese sido suya).  Y la Cobardía prefirió no arriesgarse.

“Uno, dos tres…”, comenzó a contar la Locura.

La primera en esconderse fue la Pereza. Como siempre tan perezosa se dejó caer tras la primera piedra del camino.  La Fe subió al cielo, y la Envidia se escondió tras la sombra del Triunfo que, con su propio esfuerzo, había logrado subir a la copa del árbol más alto. La Generosidad casi no alcanzó a esconderse, cada sitio que hallaba le parecía maravilloso para alguno de sus amigos. Que si un lago cristalino para la Belleza; que si una hendida en un árbol, perfecto para la Timidez; que si el vuelo de una mariposa, lo mejor para la Voluptuosidad;  que si una ráfaga de viento, magnífico para la Libertad;…  Y así terminó por acurrucarse en un rayito de sol.

El Egoísmo, en cambio, encontró un sitio muy bueno desde el principio: aireado, cómodo,… pero sólo para él. La Mentira se escondió en el fondo de los océanos (mentira, se escondió detrás del arco iris). La Pasión y el Deseo, en el centro de los volcanes.  El Olvido,… se me olvidó dónde se escondió el Olvido, pero eso no es lo más importante.

La Locura contaba ya novecientos noventa y nueve mil novecientos noventa y nueve… Y el Drogamor no había aún encontrado sitio para esconderse entre sus flores.

Un millón contó la Locura y comenzó a buscar.

La primera a la que encontró fue la Pereza,… a sólo tres pasos detrás de unas piedras. Después se escuchó la Fe discutiendo con Dios sobre Teología, y a la Pasión y el Deseo los sintió vibrar en los volcanes. En un descuido encontró a la Envidia y, claro, pudo deducir dónde estaba el Triunfo. Al Egoísmo no tuvo ni que buscarlo, él solo salió disparado de su escondite, que había resultado ser un nido de avispas. De tanto caminar sintió sed, y al acercarse al lago descubrió a la Belleza. Y con la Duda resultó más fácil todavía, pues la encontró sentada en una cerca sin decidir aún dónde esconderse.  

Así fue encontrando a todos. Al Talento entre la hierba fresca, a la Angustia en una oscura cueva, a la Mentira detrás del arco iris (mentira,… en el fondo del mar). Hasta el Olvido,…  que ya se había olvidado que estaba jugando a las escondidas.

Pero, sólo el Amor no aparecía por ningún sitio.

La Locura buscó detrás de cada árbol, bajo cada arroyo del planeta, y en la cima de las montañas, y cuando estaba por darse por vencida divisó un rosal y pensó: “El Amor, siempre tan cursi, seguro se escondió entre las rosas”.  Y tomando una horquilla comenzó a mover las ramas,… cuando de pronto se escuchó un doloroso grito… Las espinas habían herido los ojos del Amor, y la Locura no sabía qué hacer para disculparse. Lloró, rogó, pidió perdón y hasta prometió ser su lazarillo.

Desde entonces, desde que por primera vez se jugó en la Tierra al escondite, el Amor es ciego,… y la Locura siempre lo acompaña.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

El bien de la solidaridad

Un ratón mirando por un agujero de la pared, ve al granjero y su esposa abrir un paquete. Quedo aterrorizado al ver que era una trampa para ratones! Fue corriendo al patio a advertirle a todos.

Hay una ratonera en casa! hay una ratonera! La gallina que estaba cacareando y escarbando le dice: "disculpe señor ratón yo entiendo que es un gran problema para usted, pero no me perjudica en nada", entonces fue hasta el cordero y le dice lo mismo:

"Disculpe señor ratón pero no creo poder hacer algo mas que pedir por usted en mis oraciones", el ratón se dirigió a la vaca y ella le dijo: "pero acaso estoy en peligro? pienso que no! dijo la vaca", el ratón volvió a la casa, preocupado y abatido para encarar a la ratonera del granjero.

Aquella noche se oyó un gran barullo como el de la ratonera atrapando su víctima, la mujer corrió a ver que había atrapado!!! En la oscuridad ella no vio que la ratonera atrapó la cola de una serpiente venenosa. La serpiente veloz mordió a la mujer, el granjero la llevo inmediatamente al hospital, ella volvió con fiebre alta. 

El granjero para reconfortarla le preparo una nutritiva sopa, agarro el cuchillo y fue a buscar el ingrediente principal: la gallina; como la mujer no mejoro los amigos y vecinos fueron a visitarlos, el granjero mato al cordero para alimentarlos, la mujer no mejoro y murió, el esposo vendió la vaca al matadero para cubrir los gastos del funeral..!

La próxima vez que alguien te cuente su problema y creas que no te afecta por que no es tuyo y no le prestes atención, piénsalo dos veces, el que no vive para servir no sirve para vivir. El mundo no anda mal por la maldad de los malos sino por la apatía de los buenos. Así que cuando alguien necesite de ti por sus problemas tiéndele la mano o dale una palabra de aliento.


Recuérdalo cada mañana: 
Nacimos para ser Felices, no para ser Perfectos.

martes, 1 de septiembre de 2015

El coleccionista de insultos

Cerca de Tokio vivía un gran samurai, ya anciano, que se dedicaba a enseñar el budismo zen a los jóvenes. A pesar de su edad, corría la leyenda de que era capaz de vencer a cualquier adversario. Cierto día un guerrero conocido por su total falta de escrúpulos pasó por la casa del viejo. Era famoso por utilizar la técnica de la provocación esperaba que el adversario hiciera su primer movimiento y, gracias a su inteligencia privilegiada para captar los errores, contraatacaba con velocidad fulminante. El joven e impaciente guerrero jamás había perdido una batalla. Conociendo la reputación del viejo samurai, estaba allí para derrotarlo y aumentar aún más su fama. 

Los estudiantes de zen que se encontraban presentes se manifestaron contra la idea, pero el anciano aceptó el desafío. Entonces fueron todos a la plaza de la ciudad, donde el joven empezó a provocar al viejo. Arrojó algunas piedras en su dirección, lo escupió en la cara y le gritó todos los insultos conocidos, ofendiendo incluso a sus ancestros. Durante varias horas hizo todo lo posible para sacarlo de sus casillas, pero el viejo permaneció impasible. Al final de la tarde, ya exhausto y humillado, el joven guerrero se retiró de la plaza. 

Decepcionados por el hecho de que su maestro aceptara tantos insultos y provocaciones, los alumnos le preguntaron: 

-¿Cómo ha podido soportar tanta indignidad? ¿Por qué no usó su espada, aun sabiendo que podría perder la lucha, en vez de mostrarse como un cobarde ante todos nosotros? 

El viejo samurai repuso: 

-Si alguien se acerca a ti con un regalo y no lo aceptas, ¿a quién le pertenece el regalo? 

-Por supuesto, a quien intentó entregarlo -respondió uno de los discípulos. 

-Pues lo mismo vale para la envidia, la rabia y los insultos añadió el maestro-. Cuando no son aceptados, continúan perteneciendo a quien los cargaba consigo. 

lunes, 17 de agosto de 2015

Juntos ganamos


Hace algunos años, en las olimpiadas para personas con discapacidad de Seattle, también llamadas “Olimpiadas especiales”, nueve participantes, todos con deficiencia mental, se alinearon para la salida de la carrera de los cien metros lisos. A la señal, todos partieron, no exactamente disparados, pero con deseos de dar lo mejor de si, terminar la carrera y ganar el premio. Todos, excepto un muchacho, que tropezó en el piso, cayó y rodando comenzó a llorar. 

Los otros ocho escucharon el llanto, disminuyeron el paso y miraron hacia atrás. Vieron al muchacho en el suelo, se detuvieron y regresaron: TODOS. Una de las muchachas, con síndrome de Down, se arrodilló, le dio un beso y le dijo: “Listo, ahora vas a ganar”. Y todos, los nueve competidores entrelazaron los brazos y caminaron juntos hasta la línea de llegada. 

El estadio entero se puso de pie y en ese momento no había un solo par de ojos secos. Los aplausos duraron largos minutos, las personas que estaban allí aquél día, repiten y repiten esa historia hasta hoy. Porque en el fondo, todos sabemos que lo que importa en esta vida, más que ganar, es ayudar a los demás para vencer, aunque ello signifique disminuir el paso y cambiar el rumbo. Porque el verdadero sentido de esta vida no es que cada uno de nosotros gane en forma individual sino que: 

TODOS JUNTOS GANEMOS. 

lunes, 10 de agosto de 2015

El pescador


Un banquero de inversión americano estaba en el muelle de un pueblito caribeño cuando llegó un bote con un solo pescador. 

Dentro del bote había varios atunes amarillos de buen tamaño. El americano elogió al pescador por la calidad del pescado y le preguntó ¿cuánto tiempo le había tomado pescarlos? 

El pescador respondió que sólo un de poco tiempo.

El americano luego le preguntó ¿porqué no permanecía más tiempo y sacaba más pescado? 

El pescador dijo que él tenía lo suficiente para satisfacer las necesidades inmediatas de su familia. 

El americano luego preguntó ¿pero qué hace usted con el resto de su tiempo? 

El pescador dijo, "duermo hasta tarde, pesco un poco, juego con mis hijos, hago siesta con mi señora María, caigo todas las noches al pueblo donde tomo vino y toco guitarra con mis amigos. Tengo una vida "placentera y ocupada".

El americano replicó, "Soy un MBA de Harvard y podría ayudarte. Deberías gastar más tiempo en la pesca y con los ingresos comprar un bote más grande, con los ingresos del bote más grande podrías comprar varios botes y eventualmente tendrías una flota de botes pesqueros.

En vez de vender el pescado a un intermediario lo podrías, hacer directamente a un procesador y eventualmente abrir tu propia procesadora.

Deberías controlar la producción, el procesamiento y la distribución.

Deberías salir de este pequeño pueblo e irte a La Capital, donde manejarías tu empresa en expansión".

El pescador preguntó, ¿Pero, cuánto tiempo tarda todo eso? 

A lo cual respondió el americano, "entre 15 y 20 años". 

"¿Y luego qué?" 

El americano se rió y dijo que esa era la mejor parte. 

"Cuando llegue la hora deberías anunciar un IPO (Oferta inicial de acciones) y vender las acciones de tu empresa al público. Te volverás rico, tendrás millones. 

"Millones ... y ¿luego qué?" 

Dijo el americano: "Luego te puedes retirar. Te mueves a un pueblito en la costa donde puedes dormir hasta tarde, pescar un poco, jugar con tus hijos, hacer siesta con tu mujer, caer todas las noches al pueblo donde tomas vino y tocas guitarra con tus amigos". 

El pescador respondió: "¿Acaso eso no es lo que tengo ya?" 

MORALEJA: 

Cuántas vidas desperdiciadas buscando lograr una felicidad que ya se tiene pero que muchas veces no vemos. 

La verdadera felicidad consiste en amar lo que tenemos y no sentirnos mal por aquello que no tenemos. 

"Si lloras por haber perdido el Sol, las lágrimas no te dejarán ver las estrellas" 

¡LA FELICIDAD ES UN TRAYECTO, NO UN DESTINO!

lunes, 3 de agosto de 2015

¿Qué es la riqueza?

A dos grupos de personas se les hizo la siguiente pregunta: 

¿Qué es la riqueza? 

El primer grupo contestó de la siguiente manera: 

Arquitecto: tener proyectos que me permitan ganar mucho dinero. 

Ingeniero: desarrollar sistemas que sean útiles y muy bien pagados. 

Abogado: tener muchos casos que dejen buenas ganancias y tener un BMW. 

Médico: tener muchos pacientes y poder comprar una casa grande y bonita. 

Gerente: tener la empresa en niveles de ganancia altos y crecientes. 

Atleta: ganar fama y reconocimiento mundial, para estar bien pagado. 


El segundo grupo contestó lo siguiente: 

Preso de por vida: caminar libre por las calles. 

Ciego: ver la luz del sol y a la gente que quiero. 

Sordo: escuchar el sonido del viento y cuando me hablan. 

Mudo: poder decir a las personas cuánto las amo. 

Inválido: correr en una mañana soleada. 

Persona con una enfermedad terminal: Poder vivir un día más. 

Huérfano: Poder tener a mi mamá, mi papá, mis hermanos, y mí Familia. 


“No midas tu riqueza por el dinero que tienes, mide tu riqueza por aquellas cosas que no cambiarías por dinero”


lunes, 27 de julio de 2015

El círculo del odio

Un importante empresario estaba enojado y regañó al director de uno de sus negocios. El director llegó a su casa y gritó a su esposa, acusándola de que estaba gastando demasiado porque había un abundante almuerzo en la mesa. La señora gritó a la empleada, que rompió un plato y le dio una patada al perro porque la hizo tropezar. El animal salió corriendo y mordió a una señora que pasaba por allí. Cuando ella fue a la farmacia para hacerse una curación, gritó al farmacéutico porque le dolió la aplicación de la vacuna. Este hombre llegó a su casa y le gritó a su madre porque la comida no era de su agrado. 

La señora, manantial de amor y perdón, le acarició la cabeza mientras le decía: “Hijo querido, te prometo que mañana haré tu comida favorita. Trabajas mucho, estás cansado y hoy precisas una buena noche de sueño. Voy a cambiar las sábanas de tu cama por otras bien limpias y perfumadas para que puedas descansar en paz. Mañana te sentirás mejor”. Lo bendijo y abandonó la habitación, dejándolo solo con sus pensamientos. 

En ese momento se interrumpió el círculo del odio, al chocar con la tolerancia, la dulzura, el perdón y el amor.


lunes, 20 de julio de 2015

El saco de plumas

Había una vez un hombre que calumnió grandemente a un amigo suyo, todo por la envidia que le tuvo al ver el éxito que este había alcanzado.

Tiempo después se arrepintió de la ruina que trajo con sus calumnias a ese amigo, y visitó a un hombre muy sabio a quien le dijo:

"Quiero arreglar todo el mal que hice a mi amigo. ¿Cómo puedo hacerlo?",
a lo que el hombre respondió: "Toma un saco lleno de plumas ligeras y pequeñas y suelta una donde vayas".

El hombre muy contento por aquello tan fácil tomó el saco lleno de plumas y al cabo de un día las había soltado todas.

Volvió donde el sabio y le dijo: "Ya he terminado", a lo que el sabio contestó: "Esa es la parte más fácil. Ahora debes volver a llenar el saco con las mismas plumas que soltaste. Sal a la calle y búscalas".

El hombre se sintió muy triste, pues sabía lo que eso significaba y no pudo juntar casi ninguna.

Al volver, el hombre sabio le dijo:

"Así como no pudiste juntar de nuevo las plumas que volaron con el viento, así mismo el mal que hiciste voló de boca en boca y el daño ya está hecho. Lo único que puedes hacer es pedirle perdón a tu amigo, pues no hay forma de revertir lo que hiciste".

lunes, 13 de julio de 2015

Las llaves de la felicidad

En una oscura y oculta dimensión del Universo se encontraban reunidos todos los grandes dioses de la antigüedad dispuestos a gastarle una gran broma al ser humano. En realidad, era la broma más importante de la vida sobre la Tierra.

Para llevar a cabo la gran broma, antes que nada, determinaron cuál sería el lugar que a los seres humanos les costaría más llegar. Una vez averiguado, depositarían allí las llaves de la felicidad.

-Las esconderemos en las profundidades de los océanos -decía uno de ellos-.

-Ni hablar -advirtió otro-. El ser humano avanzará en sus ingenios científicos y será capaz de encontrarlas sin problema.

-Podríamos esconderlas en el más profundo de los volcanes -dijo otro de los presentes-.

-No -replicó otro-. Igual que sería capaz de dominar las aguas, también sería capaz de dominar el fuego y las montañas.

-¿Y por qué no bajo las rocas más profundas y sólidas de la tierra? -dijo otro-.

-De ninguna manera -replicó un compañero-. No pasarán unos cuantos miles de años que el hombre podrá sondear los subsuelos y extraer todas las piedras y metales preciosos que desee.

-¡Ya lo tengo! -dijo uno que hasta entonces no había dicho nada-. Esconderemos las llaves en las nubes más altas del cielo.

-Tonterías -replicó otro de los presentes-. Todos sabemos que los humanos no tardarán mucho en volar. Al poco tiempo encontrarían las llaves de la Felicidad.

Un gran silencio se hizo en aquella reunión de dioses. Uno de los que destacaba por ser el más ingenioso, dijo con alegría y solemnidad:

-Esconderemos las llaves de la Felicidad en un lugar en que el hombre, por más que busque, tardará mucho, mucho tiempo de suponer o imaginar...

-¿Dónde?, ¿dónde?, ¿dónde? -preguntaban con insistencia y ansiosa curiosidad los que conocían la brillantez y lucidez de aquel dios-.

-El lugar del Universo que el hombre tardará más en mirar y en consecuencia tardará más en encontrar es: en el interior de su corazón.

Todos estuvieron de acuerdo. Concluyó la reunión de dioses. Las llaves de la Felicidad se esconderían dentro del corazón de cada hombre.



lunes, 6 de julio de 2015

El árbol que no sabía quien era

 Había una vez en un lugar que podría ser cualquier lugar, y en un tiempo que podría ser cualquier tiempo, un jardín esplendoroso con árboles de todo tipo: manzanos, perales, naranjos, grandes rosales,... Todo era alegría en el jardín y todos estaban muy satisfechos y felices. Excepto un árbol que se sentía profundamente triste. Tenía un problema: no daba frutos.

-No sé quién soy... -se lamentaba-.

-Te falta concentración... -le decía el manzano- Si realmente lo intentas podrás dar unas manzanas buenísimas... ¿Ves qué fácil es? Mira mis ramas...

-No le escuches. -exigía el rosal- Es más fácil dar rosas. ¡¡Mira qué bonitas son!!

Desesperado, el árbol intentaba todo lo que le sugerían. Pero como no conseguía ser como los demás, cada vez se sentía más frustrado.

Un día llegó hasta el jardín un búho, la más sabia de las aves. Al ver la desesperación del árbol exclamó:

-No te preocupes. Tu problema no es tan grave... Tu problema es el mismo que el de muchísimos seres sobre la Tierra. No dediques tu vida a ser como los demás quieren que seas. Sé tú mismo. Conócete a ti mismo tal como eres. Para conseguir esto, escucha tu voz interior...

¿Mi voz interior?... ¿Ser yo mismo?... ¿Conocerme?... -se preguntaba el árbol angustiado y desesperado-. Después de un tiempo de desconcierto y confusión se puso a meditar sobre estos conceptos.

Finalmente un día llego a comprender. Cerró los ojos y los oídos, abrió el corazón, y pudo escuchar su voz interior susurrándole:

"Tú nunca en la vida darás manzanas porque no eres un manzano. Tampoco florecerás cada
primavera porque no eres un rosal. Tú eres un roble. Tu destino es crecer grande y majestuoso, dar nido a las aves, sombra a los viajeros, y belleza al paisaje. Esto es quien eres. ¡Sé quien eres!, ¡sé quien eres!..."

Poco a poco el árbol se fue sintiendo cada vez más fuerte y seguro de sí mismo. Se dispuso a ser lo que en el fondo era. Pronto ocupó su espacio y fue admirado y respetado por todos.

Solo entonces el jardín fue completamente feliz. Cada cual celebrándose a sí mismo.


lunes, 29 de junio de 2015

El vuelo del halcón

Un rey recibió como obsequio dos pequeños halcones y los entregó al maestro de cetrería para que los entrenara. Pasado unos meses, el maestro le informó al rey que uno de los halcones estaba perfectamente, pero que al otro, no sabía que le sucedía pues no se había movido de la rama donde lo dejó, desde el día que llegó. El rey mandó a llamar a curanderos y sanadores para que vieran al halcón, pero nadie pudo hacerlo volar. Al día siguiente el monarca decidió comunicar a su pueblo que ofrecería una recompensa a la persona que hiciera volar al halcón. A la mañana siguiente, vio al halcón volando ágilmente por los jardines. El rey le dijo a su corte:

—Traedme al autor de este milagro. Su corte le llevó a un humilde campesino. El rey le preguntó:

—¿Tú hiciste volar al halcón? ¿Cómo lo hiciste? ¿Eres acaso un mago? Intimidado el campesino le dijo al rey: 

—Fue fácil, mi Señor, sólo corté la rama y el halcón voló, se dio cuenta de que tenía alas y se largó a volar.

Alcancemos alturas antes de que alguien nos corte nuestra rama. 

lunes, 22 de junio de 2015

Todo es pasajero

Había una vez un rey muy poderoso el cual sufría de una gran inestabilidad en su estado de ánimo. Podía pasar de la profunda felicidad a un fuerte cuadro de tristeza en fracción de segundos. Este problema ocasionaba que el rey estuviera continuamente mermado de sus plenas facultades, por lo que decidió acudir al sabio de su consejero para pedirle un remedio para tan frustrante enfermedad que sentía padecer.

Pasadas unas semanas el rey recibió del sabio una pequeña cajita con el secreto para conseguir su salud mental.

– Cuando estés perturbado o sientas un fuerte estado de júbilo  lee el mensaje que lleva adentro. – Dijo el sabio al tiempo que se retiraba de la sala real.

No pasaron muchos días hasta que el reino fuera atacado por lejanos enemigos y al estar el rey ya sin aliento y solo en una cueva frente a un acantilado intentando escapar decidió abrir la caja.

ESTO TAMBIÉN PASARÁ

No paso mucho tiempo hasta que fue rescatado por la guardia real y al volver en alzas a su ciudad, ya que sus atacantes habían sido vencidos por las fuerzas de seguridad del rey.  Este con un fuerte sentimiento victorioso y de invencibilidad, escuchó desde lo lejos las palabras del sabio.

– Lee la caja también ahora.

ESTO TAMBIÉN PASARÁ

lunes, 15 de junio de 2015

La peor traición

Los pobres y los mendigos son los que más padecen en época de escasez. Tres alumnos se presentaron ante el maestro exigiéndole una solución. La comunidad vivía de las limosnas, y estas últimamente no alcanzaban ni para la austera dieta que los monjes se imponían.

En tal confrontación, el maestro entonces les propuso que se quitasen la túnica y ocultaran su rostro en la oscuridad de la noche. Armados con palos, amenazarían a un rico mercader que les daría el dinero suficiente para subsistir un buen tiempo. Nunca nadie sospecharía de ellos y para el mercader no supondría apenas merma en sus finanzas. El asunto pronto estaría olvidado.

El primer discípulo aceptó. Sopesó que era una acción de poco riesgo. Irrecriminable en tan extremas circunstancias. Su justo fin, la hacía necesaria.

El segundo discípulo jamás había desobedecido al maestro. Estaba acostumbrado a que sus extraños métodos obtuviesen siempre un acertado resultado. Aunque esta vez sus dudas eran mayores, no tenía ninguna intención de ofenderlo y perder su protección.

El tercer discípulo, a pesar de tales argumentos, se negó rotundamente:

- Jamás participaré en semejante acción. Soy demasiado cobarde.

- Ocultareis vuestro rostro, nunca nadie lo sabrá –replicó el maestro. El discípulo seguro de sí, negó con la cabeza y afirmó:

- Lo sabría yo.

El maestro, tras una contundente carcajada, retomó su habitual carácter benigno y les dijo:

- Aprended de él. No existe traición más insana que la que se comete contra uno mismo, ni temor más saludable que el de temer el justo juicio. No temáis al hambre y a la muerte: temed a Aquel que tiene poder para desechar vuestra alma al abismo.


lunes, 8 de junio de 2015

Las cuatro velas

Esta es la historia de cuatro velas que lentamente se quemaban en una pequeña habitación. El lugar era tan silencioso que hasta se podía escuchar la conversación que mantenían entre ellas.

La primera de las velas dijo: YO SOY LA PAZ, pero lamentablemente las personas no consiguen mantenerme encendida. No sé cuánto tiempo más me mantendré iluminando hasta que me apague – fue terminar de decir eso y dejo de alumbrar.

La segunda dijo: YO ME LLAMO FE, lamentablemente mi llama es muy superflua. Son pocos los que quieren saber de mí, no encuentro sentido para permanecer encendida. Fue terminar de hablar y la suave brisa que corría por la habitación la apagó.

Muy triste la tercera de las velas dijo: YO SOY EL AMOR, no tengo más fuerza para seguir iluminando, nadie me aprecia y todos me hacen a un lado. La gente hasta se olvida de su círculo más cercano e incluso los que han recibido mucho de mí, me dan la espalda. Y sin más se apagó.

De pronto entro en la habitación un niño y al ver las tres velas apagadas dijo: ¿QUE ES ESTO? Por favor ustedes deben estar encendidas hasta el final – y se echo a llorar.

No tengas miedo – dijo la última de las velas que permanecía intacta – Mientras yo tenga fuego podremos encender a las demás. YO SOY LA ESPERANZA. El niño con los ojos todavía llorosos, tomo la vela y encendió a las demás.

Este simple pero ilustrativo cuento para pensar busca ser, nunca mejor dicho, una luz de esperanza. Una luz para que dejemos de creer que la solución a nuestros problemas y los de la sociedad va a llegar de la mano de la clase política. Somos nosotros “los desconocidos” los que con nuestros actos del día a día, debemos ser ejemplo para crear una sociedad más consciente, de que nuestras formas no están siendo las correctas y debemos de cambiar urgentemente